A los 22 años llegó a Santafé sin ningún bien de fortuna, pero en posesión de
una sólida educación que incluía los cursos de filosofía moderna, algo de
derecho, teología, y tres o cuatro idiomas. Estudió derecho en el Colegio Mayor
del Rosario y al graduarse instaló su oficina de abogado que pronto cobró gran
prestigio, debido al talento y conocimiento de la jurisprudencia que poseía y a
los excelentes consejos de su tío, don Ignacio Tenorio, quien fuera oidor en
Quito.
En su condición de "abogado recibido por la Real Audiencia y Chancillería" va
aplicando los basamentos filosóficos a las condiciones político-sociales, hasta
llegar a irrevocables y profundos conceptos de derecho público, como libertad,
soberanía, independencia y constitución, tan representativos de los nuevos
sistemas políticos europeos.
Inmerso en estas ideas, Camilo Torres prevé grandes acontecimientos en el
panorama político. La consolidación de la universidad, la biblioteca, la
imprenta, las tertulias, el periodismo y las nuevas teorías científicas agitan
el cerrado y severo ambiente de Santafé de Bogotá. La juventud escandaliza la
ciudad con sus tesis novedosas, sacudiendo una rutina de tres siglos de mutismo,
de moral severa propicia al anonimato, a la mediocridad y a la hipocresía. En
este difícil medio, Camilo Torres va logrando su equilibrio interior, su ritmo
mental, su riguroso ordenamiento. Su carácter se hace sobrio, aspecto que lo
convierte en introvertido y severo. La madurez interior —basada en renovadas
experiencias— se manifiesta en su mayor perfección intrínseca enfrentada al
prosaísmo de una sociedad timorata y recelosa.
En esta época de estudio y reflexión, parece que Torres acumulara energía para
los días próximos. El panorama de los hechos sociales y económicos va
desplazando al familiar y amable de su lejana Popayán.
El virrey Mendinueta y Múzquiz —el mismo que pidió al barón Von Humboldt que
analizara las salinas de Zipaquirá—, ofreció a Camilo Torres diversos cargos en
la administración municipal, los cuales fueron rechazados por el prócer. A
cambio, éste pidió como gracia la concesión de autorización para leer libros
prohibidos, en este caso, de autores franceses dedicados a escribir acerca de
temáticas políticas y sociales. Sin embargo, bajo la administración del virrey
Amar y Borbón, accedió Torres a ocupar la plaza de asesor del Cabildo de
Santafé, con el fin de tener una posición cerca del elemento oficial que le
permitiera ser útil a la causa independentista. Así, en 1809, Camilo Torres
redactó el documento "Representación del Cabildo de Santafé, capital del Nuevo
Reino de Granada, a la Suprema Junta Central de España".
Las circunstancias peculiares del momento histórico obligaban a proceder con
cautela. Desde 1794, Torres se hacía sospechoso ante las autoridades, según él
mismo lo informó a su padre. Las colonias iberoamericanas se abocaban a esos
procesos antecesores de rebelión que, por fuerza de los hechos, necesariamente
conducen a la lucha armada.
Cuando en 1812 la nueva nación se dividió entre federalistas y centralistas,
Torres asumió el poder ejecutivo desde dicho año hasta 1815, cuando se organizó
el gobierno de los triunviros. Durante la "patria boba" tuvo Camilo Torres
fuertes altercados con Nariño y con los diputados del primer congreso general
del Reino, que se reunió en 1810. En 1815 fue elegido de nuevo presidente, pero
en esta oportunidad con poderes que se extendían a todo el Nuevo Reino, ya que
Antonio Nariño estaba cautivo en manos de los españoles.
Uno de los hechos que empañaron la apreciación de Camilo Torres por parte de sus
contemporáneos, fue la sorda oposición que hizo a Antonio Nariño, agravada por
el hecho de negarse rotundamente a defenderlo durante el proceso que se
adelantaba en su contra por la traducción y publicación de "Los derechos del
hombre y del ciudadano".
Mientras intentaba huir del Terror instaurado por Pablo Morillo en Santafé,
Camilo Torres fue apresado en compañía de Torices en el puerto de Buenaventura,
cuando intentaban abordar un buque que los conduciría a Argentina. Detenido
junto con su compañero, Torres fue llevado a Bogotá, y luego de una parodia de
juicio, este insigne hombre de letras, político brillante, fue vilmente fusilado
por la espalda, como traidor al rey, el 5 de octubre de 1816, a los 50 años de
edad. Su cuerpo fue luego suspendido en una horca y posteriormente
descuartizado. Como la cabeza de Cicerón, el insigne romano, la de Camilo Torres
Tenorio fue puesta en escarpias.
Las ideas de Camilo Torres, el primero de los pensadores neogranadinos, tienen
alcance extraordinario y presentan a este prócer como uno de los conductores más
interesantes y dignos de estudio en la historia del Nuevo Mundo. Su vida fue
limpia y generosa, de acción incesante y ejemplar. Legó una obra sólida y
profunda, y su agitada carrera política no fue obstáculo para el desarrollo
armónico de su existencia interior.
Memorial de Agravios.
En ejercicio del cargo
de asesor del Cabildo de Santafé de Bogotá, Camilo Torres redactó el
documento "Representación del Cabildo de Santafé, capital del Nuevo
Reino de Granada, a la Suprema Junta Central de España, en el año de
1809", texto conocido como "Memorial de agravios".
El Memorial fue escrito
a fines de 1809 cuando era más incierta la situación política en Europa.
La revuelta de Quito, que en principio trajo entusiasmo y esperanzas a
los patriotas, empezaba a dar muestras de colapso por la discrepancia de
opinión en las provincias.
Dado a la luz pública
un año antes de los sucesos del 20 de julio en Santafé, el Memorial
circuló activamente en copias por la capital y vino a ser uno de los
elementos determinantes en el desarrollo del grito de independencia del
Nuevo Reino de Granada.
Al redactar el
Memorial, Camilo Torres no esperaba realmente convencer a los miembros
de la Suprema Junta de la justicia de las apreciaciones contenidas en el
documento, sino producir una proclama destinada a la propaganda
revolucionaria. Así lo pregona el tono mismo del Memorial en el que se
expresan claramente referencias vehementes a la libertad y sugerencias
no veladas a la posibilidad de separación y autogobierno del Nuevo
Mundo. Camilo Torres consideraba de manera acertada que el momento
político era adecuado para la separación: por difíciles que fueran en
esa época las comunicaciones, no hay duda que Torres conocía muy bien la
situación de España, y se daba cuenta cabal de lo propicia que era para
el éxito de los movimientos independentistas y estaba en posición de
valorar justamente las condiciones que en América permitían pensar en
términos de emancipación.
El "Memorial de
agravios" de Camilo Torres es un documento extraordinario, uno de los
más importantes en el campo de la teoría del Estado y de las relaciones
jurídicas entre el reino y su colonia. Su vigor dialéctico es apenas
igual al refinado estilo y a la valentía del concepto, aunado todo esto
a un alto sentido del deber patriótico. La petición jurídica del derecho
de la Nueva Granada a gobernarse a sí misma proviene de este documento,
que el Cabildo aceptó pero que el virrey Amar no quiso presentar a la
Junta Central de España. Sucedió al Memorial lo que a muchas obras de
valor eximio consagradas en su hora, y sobre las cuales vino a
producirse con el correr del tiempo un consenso de admiración
convencional y un tanto inconsciente, basado de modo exclusivo en los
criterios de autoridades históricas o jurídicas, pero que no se conocen
de primera mano por parte del público.
Con el "Memorial de
agravios", Camilo Torres quiere llegar más allá del dilema de
representación adecuada y digna ante la Corona, o de emancipación, para
plantear una concepción de Estado, a la vista de las circunstancias
históricas y sociales de la Nueva Granada, y siguiendo los preceptos de
los maestros en la teoría política europea, cuyas obras Camilo Torres
conocía en detalle.
Torres comprendía muy
bien que la situación política entre el reino y sus colonias no admitía
alternativas, y que debía ser planteada en términos excluyentes: rey o
pueblo, absolutismo o democracia, monarquía o república. Debido a que
Torres se desempeñaba como asesor del Cabildo, un escrito destinado a la
Junta que representaba al rey, en momentos en que la estructura colonial
se encontraba aún en pie y con un virrey a quien respaldaban las armas,
debió apelar a los recursos de la dialéctica para enmascarar con un
discurso respetuoso la circunstancia que era la base del Memorial: la
sustitución de la autoridad monárquica por el régimen representativo,
que es la base y la esencia de la democracia.
Todo el Memorial no es
más que un ataque al poder absoluto con el arma de la justificación de
un gobierno en que el pueblo, por medio de sus representantes legítimos
desarrolla sus funciones y prerrogativas esenciales. Es cierto que
existía la finalidad aparente por parte de Torres de dar a entender que
la idea del documento era la de ejercer un legítimo derecho de
reclamación ante el rey de España para lograr una mayor representación
ante la Corona, pero su intencionalidad profunda es la de preconizar que
el sistema representativo es la meta ideal de gobierno para América.
En cuanto al Cabildo
—órgano representativo popular del que no debemos olvidar que era asesor
Camilo Torres—, desde el siglo xvi, por la multiplicidad de funciones
que les estaban asignadas y que comprendían desde el nombramiento de
alcaldes hasta la distribución de la tierra, constituyeron un formidable
poder propicio al florecimiento del nepotismo y de graves
irregularidades e injusticias. Pero no debe olvidarse que a ellos fue
encargada la labor de colonización cumplida con éxito evidente y que en
su seno se formularon advertencias e informaciones para una mejor
administración y se produjeron gestos y actuaciones enérgicas de reclamo
cuando se consideraron excesivas y desconsideradas las disposiciones
reales.
Los líderes de los
cabildos planteaban ante la Corte y el Consejo de Indias, y en nombre de
las ciudades del Nuevo Reino, problemas tan importantes como el apoyo a
la construcción de caminos, la equitativa distribución de los
repartimientos, la provisión de fondos para obras primordiales en los
nacientes municipios, la justa exención en el cobro de algunos tributos
y de los diezmos que afectaban no sólo al algodón sino a la mano de obra
de los aborígenes, y otros muchos aspectos de la interacción de la
administración con la población civil.
Más tarde, en el ocaso
de la dinastía de los Austrias, los cabildos vinieron a menos por muchas
razones, principalmente porque fueron privados de algunas de sus más
importantes prerrogativas, y el Gobierno central, acosado de deudas,
optó por autorizar la venta de los cargos públicos, abriendo así la
puerta a innumerables abusos y en general a la desidia y al desorden en
la vida municipal. Pese a todo, los cabildos mantuvieron siempre la
facultad de representar los intereses públicos y llevar la voz de la
comarca y en momentos decisivos hicieron honor a estas consignas como en
el memorable año de 1781, cuando las nuevas exacciones y los abusos de
los funcionarios reales produjeron el gran movimiento popular de los
Comuneros del Socorro, al cual adhirieron entusiastas muchos de los
cabildos del Nuevo Reino.
Finalmente debemos
señalar que el "Memorial de agravios" es el documento que unió y dio
coherencia jurídica a la reclamación por parte de las Colonias de una
forma de gobierno representativo que eliminara el sistema de opresión y
explotación a que las había sometido la corona española.
Tomado
de:

MAS SOBRE CAMILO TORRES
TENORIO
(Tomado de
VillegasEditores.com)
Camilo
Torres Tenorio (Jurisconsulto)
Texto de: Rasgos biográficos de los Próceres.
La guerra de la independencia en Nueva Granada, por lo que se refiere al
tiempo trascurrido de 1810 a 1816, jiraba al rededor de Camilo Tórres
como una rueda movida por el viento sobre su eje.
Este ciudadano era de estatura regular, rostro pálido i severo, mirar
profundo, voz sonora i pausada, i tenia en sus costumbres, una
austeridad admirable, siendo su carácter ríjido al mismo tiempo que
respetuoso.
El doctor Tórres gozaba de una razon profunda; estaba siempre sobre sí
mismo, i tenia tal fe en la lójica de sus principios, que poseia como
orador el arte de esponer con suma facilidad i elocuencia.
Era hombre que por su naturaleza intelectual, causaba entusiasmo a los
temperamentos enérjicos, arrastraba a las muchedumbres i llenaba de
pánico a los timoratos.
El 20 de julio de 1810, presentándose en el Cabildo en que se estaban
discutiendo las bases que debia contener el acta de nuestra emancipacion,
tomó la palabra i con acento viril pronunció un discurso que arrastró la
voluntad de los Vocales i llenó de admiracion al pueblo. Inmediatamente,
sin dejar pasar las buenas impresiones que habian hecho en el auditorio
sus palabras, tomó pluma i papel i escribió el ' Acta de la
independencia,' que se firmó sin variacion alguna.
Júzguese por aquí del ascendiente de aquel benemérito prócer sobre sus
conciudadanos. Era evidente que en aquella sesion habia almas que aunque
amigas de la libertad, no por esto dejaban de estar bajo el pesado
dominio de las preocupaciones de su época; preocupaciones sociales,
políticas, morales i relijiosas, emanadas de un Gobierno cuya
instabilidad alcanzaba a trescientos años.
Pues bien, el orador hablando con enerjía i ciencia, desarrolla una
doctrina desde la cumbre de aquel Sinaí, i llevando una conviccion
profunda a los espíritus tímidos, los hace romper de un modo formal con
el pasado i entrar con entusiasmo por el nuevo camino que habia de cavar
su tumba al despotismo en América.
Desde aquel dia, memorable en la historia, el prócer no solamente fué un
hombre grande entre los suyos, sino tambien una especie de oráculo que
presajiaba los destinos de la Nacion.
Camilo Tórres nació en Popayan el 28 de noviembre de 1765, i recibió su
primera educacion en el colejio Seminario de aquella ciudad.
A los veinte años de edad se trasladó a Bogotá, con el fin de terminar
sus estudios, i a los veintisiete obtuvo el grado de doctor en
Jurisprudencia; profesion que en aquellos tiempos armonizaba
perfectamente con el carácter severo con que la Providencia dotó a aquel
mártir de la República.
Cuando recibió el título gozaba ya de una justa celebridad, ganada en la
prensa, en la tribuna i en el profesorado; reputacion que cada dia iba
en aumento, debido a la rijidez de sus costumbres privadas, a la
honradez catoniana de su vida i a sus cultas maneras.
Apénas salió del colejio, los honores i distinciones lo favorecieron a
menudo: nombrándosele por el Virei, Asesor del Cabildo i Catedrático de
Derecho civil; empleo que desempeñó con tal lucimiento, que asistian a
sus lecciones muchos de los altos dignatarios públicos i gran número de
jóvenes de mérito sobresaliente.
Desde entonces adquirió el doctor Tórres la fama de ser el abogado mas
probo i consumado de Nueva Granada, citándose sus alegatos jurídicos
como inimitables piezas por su erudicion, su elegancia i la precision
con que trataba la cuestiones. Tal es, al ménos, el concepto de algunos
historiadores i en especial del señor Restrepo.
Amante entusiasta de la libertad, no por seguir el torrente de la
opinion que amenazaba trasformarlo todo, sino por amor al derecho, que
era el culto de su intelijencia, jamas echó pié atras cuando se trató de
servir a la causa que con tanto brio defendia; así que, durante su vida
se le ve ocupando los primeros puestos en su Patria, infatigable en la
eficaz cooperacion que supo prestar a la República que nacia, en medio
de rayos i truenos, del seno de la nada.
La historia le increpa una falta que aun muchos de sus conciudadanos no
olvidan; hecho que es necesario apreciar con elevada crítica, a fin de
establecer la razon de las cosas; esta falta fué la enemistad profunda
que profesó al Jeneral Nariño por sus ideas centralistas, i el haber
dividido a los patriotas en dos bandos que se desangraron en los campos
de batalla, deseoso de implantar en la Nueva Granada la forma federal en
el Gobierno.
Tal pensamiento, en aquella época de conflictos, no era a la verdad
prudente, pero ¿ merece la censura el hombre que, sin obedecer a ningun
mal pensamiento, publica i sostiene un error de entendimiento que
constituye su mas sincera conviccion ?
Para nosotros, lanzar un fallo condenatorio sobre la conducta de un
ciudadano, porque sostiene con lealtad las ideas políticas que
constituyen la relijion de su conciencia, es echar a un lado la razon
para dar pábulo a los dictados de la intolerancia.
Así, pues, el doctor Tórres, al promulgar i sostener la federacion en su
calidad de gobernante i de hombre de altas influencias, defendia una
idea que creia justa, i necesaria talvez, a la causa de la
independencia, sin que por esto su gloriosa memoria se menoscabe en lo
mas mínimo ante el juicio de la posteridad.
Todo lo contrario, defender por conviccion una idea que se reputa como
buena por los demas pero cuya oportunidad se niega, tiene tambien su
grandeza.
Para esto se necesita un gran valor civil, que es tan meritorio como el
heroismo de los guerreros. Valor que ha prestado a las naciones mil
veces mas servicios que los que les han ofrendado los hombres de espada,
porque es por medio de él como se operan esas trasformaciones útiles a
los pueblos que vienen por el carril de la razon que convence, en vez de
la fuerza que humilla.
A Camilo Tórres lo habia dotado la Providencia de un atrevimiento
sereno, así en la majistratura como en la tribuna i en la prensa; Dios
le habia dado un corazon patriota i ardiente; i una intelijencia
admirable.
El por su parte juzgó que agregando a las cualidades que le dio la
naturaleza otras que en el fondo dependen de nuestra voluntad:
Costumbres austeras;
Honradez de principios;
Modales afables;
Ambicion recta i moderna; i
Elevacion de miras,
Llegaria, como en efecto lo consiguió, a granjearse las simpatías de sus
conciudadanos; subiendo hasta ponerse a la cabeza del gran movimiento
iniciado contra el despotismo.
Así que, frecuentemente estuvo de Presidente del Congreso de Nueva
Granada, solemne improvisador, llevando la palabra en las
deliberaciones; unas veces impetuoso como el torrente que arrastra
cuanto encuentra en su curso, otras calmado como el lago, cuando el
asunto era mas bien de ciencia i exijia tranquilidad.
Presidente de las Provincias Unidas, de 1812 a principios de 1816,
prestó a la República importantísimos servicios que contribuyeron
eficazmente al triunfo de la libertad, i le granjearon el odio profundo
que le profesaron los españoles i que lo condujo al bárbaro suplicio con
que la tiranía lo castigó.
El año de 12, cuando Bolívar, derrotado de Venezuela, vino a la tierra
de Tórres en busca de recursos con que defender la libertad en su
Patria, éste, comprendiendo la talla del Libertador i sabiendo que la
causa era comun, le dió cuanto pudo para que volara hasta Carácas en
busca de lo que se prometia, poniendo a su servicio una pléyade de
jóvenes granadinos que, muriendo gloriosamente en los campos de batalla,
dejaron al mundo asombrado por su resignacion i valentía.
El año de 16, a consecuencia de la llegada de Morillo a Nueva Granada,
el doctor Tórres se dirijió a Popayan evitando el ser víctima de la
rabia que le profesaban los tiranos.
Allí fué capturado en breve, i traido a Bogotá, se le puso a disposicion
de un consejo de asesinos que lo condenó a sufrir la ' pena capital con
la exhibicion de su cadáver para mayor escarnio de los traidores.'
El 5 de octubre del año últimamente dicho fué arcabuceado por la
espalda, en la plaza de los mártires, aquel gran demócrata, apóstol de
la libertad i benefactor de la Patria.
Sus restos mortales fueron despues suspendidos en una horca por doce
horas i en seguida descuartizados, colocándose su cabeza, que tanta luz
habia irradiado, en una jaula de hierro que se exhibió en la alameda,
permaneciendo allí hasta el dia 14 del citado mes, dia del cumpleaños
del célebre Fernando VII.
Mas apesar de todo, la causa defendida con tanta vehemencia por el
mártir obtuvo una completa victoria; porque como él lo habia dicho, '
siempre triunfa el derecho en su lucha contra el despotismo, porque Dios
ha querido que los pueblos sean eternos i que los tiranos pasen.'
I cuando el arte llegue a tal altura entre nosotros que pueda tributar
su debido homenaje a los hombres grandes, la Patria agradecida grabará
en el mármol la figura de Camilo Tórres, emblema del valor civil i del
republicanismo austero, i la colocará al lado de la de Bolívar, símbolo
del jenio i del valor militar.